miércoles, 21 de julio de 2010

LA EXCURSION AL VOLCAN DE NOMBRE IMPRONUNCIABLE

Hola de nuevo!

Creo recordar que en nuestra última entrega os informabámos de nuestra intención de subir al volcán de nombre impronunciable (Mr. Ey. a partir de ahora). El susodicho volcán nos causaba un poco de respeto ya que eran múltiples las anécdotas que se oían al respecto: suelas de botas desechas por el calor, horas de dura caminata, 1000 metros de desnivel, necesidad de llevar máscaras para protegerse de las cenizas... Bien, yo lo confieso estaba acojonada.

Como los hermanos Valero temíamos por la estirpe, decidimos buscar a un sufrido companyero de viaje, que compartiese nuestra aventura, y así fue como el día anterior a nuestra partida encontramos a Cody, un americano poco americano excepto por su aficción a la cola cola que también se moría de ganas de subir a volcán pero que al mismo tiempo no quería emprender su aventura en solitario.

Así fue como a las 7 de la mananya los hermanos y Cody empezaron su aventura. Desde el principio el paisaje nos sorprendió. La primera de las cataratas es bastante imponente y pudimos observarla de cerca, después de subir un largo tramo de escaleras (sí, sí escaleras, a veces en la montanya también hay escaleras construidas por la mano del hombre). A partir de aquí, podemos decir que nuestro camino se convirtió en el río de las cataratas, porque cada pocos metros encontrábamos una y cada una de ellas con su particularidad. Al cabo de 3 horas llegamos a un puente (bien!!! no nos hemos perdido, en el mapa sale un puente), seguimos nuestro camino y dos horas más tarde vemos el primer refugio abandonado y allí otros montanyeros no dicen que en cuarenta minutos llegaremos al siguiente refugio. Es en este dónde la mayoría de los intrépidos montanyeros se quedan a dormir y continúan su jornada al día siguiente. Nosotros que somos mucho más que intrépidos, continuamos porque nuestro objetivo del día era llegar al campo de lava. Nuestro deseo se cumplió en poco más de una hora, y fue allí donde realmente los tres alucinamos. El suelo, efectivamente, estaba caliente, de hecho algunas piedras estaban tan caliente que apenas las podías tocar y por supuesta menos coger en tus manos. De la tierra salían hilillos humeantes de vapor y el suelo en algunas zonas era de colores anaranjados y rojizos. Nos encontrábamos en medio de un campo de lava solidificada desde hacía tan solo poco más un par de meses y observar las formas de aquellas rocas al solidificarse era toda una experiencia.

Decidimos comer junto al campo de lava y fue cuando pensé que tenía la respuesta a esa pregunta que siempre me ha hecho cierta gracia ''Cual es la última vez que has hecho algo por primera vez? Pues ayer, cuando me comí un bocadillo de atún en el campo de lava de Mr. Ey. Toda una experiencia para los sentidos.

Espero que os gusten los videos. Poned especial atención al último. Hicimos la grabación justo antes de pasar por el estrecho camino junto al palito amarillo.

Un beso a todos|as







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